viernes, 16 de mayo de 2008

Moléculas precursoras de vida en los meteoritos

Una nueva técnica revela la existencia de moléculas precursoras de la vida

¿Para qué molestarse en ir a buscar fuera si lo podemos encontrar en casa? Esta podría ser la pregunta a la que esta semana pretenden responder en «Science» Henner Busemann y su equipo del Departamento de Magnetismo Terrestre del Instituto Carnegie, en Washington.
En un artículo que cambia por completo la idea de que la materia orgánica más primitiva -una serie de moléculas prebióticas esenciales para el origen de la vida- sólo puede encontrarse en las tenues partículas de polvo presentes en el medio interplanetario, Busemann asegura que esos mismos compuestos orgánicos pueden ser recolectados de meteoritos que se encuentran en laboratorios de todo el mundo.

El hallazgo no sólo ahorraría complicados y costosos envíos de sondas para recoger muestras de polvo interestelar, sino que permitiría obtener cantidades mucho mayores de estos materiales. Con ellas, los científicos podrían realizar experimentos que no es posible llevar a cabo con las diminutas partículas provenientes de cometas recogidas en el espacio por sondas como la Stardust. Como afirma el coautor del artículo publicado en «Science», Conel Alexander, «este avance ha abierto una ventana completamente nueva al estudio de este escurridizo periodo del sistema solar».

Desde hace tiempo, los científicos sospechaban que los meteoritos servían como medio de transporte para que algunos de los más jóvenes ingredientes necesarios para la vida llegasen a nuestro planeta. Este tipo de cuerpos celestes, cuyo volumen varía entre el de un pequeño pedrusco y el de una gran roca, pueden contener muchas de las claves sobre el origen del sistema solar. Ellos no se han visto expuestos a los procesos geológicos sufridos por planetas y estrellas, motivo por el que su composición ha permanecido casi inalterada desde hace 4.500 millones de años, cuando el sol y los planetas comenzaban a formarse. Ahora, utilizando nuevas técnicas, Busemann y su equipo han descubierto que estos «cargueros interplanetarios» también pueden transportar otras partículas orgánicas mucho más antiguas y que hasta ahora sólo se habían encontrado en cuerpos como los cometas. El director del proyecto del Instituto Carnegie se mostraba fascinado por el descubrimiento: «Es increíble que estas primitivas moléculas orgánicas [...] hayan podido sobrevivir a las difíciles y tumultuosas condiciones presentes en el sistema solar cuando los meteoritos que las contienen se formaron».

Como explicó Busemann, las condiciones del sistema solar primitivo eran complicadas. Su interior era un verdadero campo de batalla, con altísimas temperaturas y continuos impactos entre los pequeños cuerpos celestes que lo poblaban. Sin embargo, los indicios hallados en muchos meteoritos indican que la temperatura de la nebulosa protosolar en la región que hoy conocemos como «cinturón de asteroides, entre las órbitas de Marte y Júpiter, era baja y permitió a los meteoritos sufrir pocas alteraciones».

El descubrimiento proporcionará algunas pistas sobre cómo se procesó y se distribuyó en el sistema solar la materia orgánica que permitió la aparición de vida en nuestro planeta.

AL ALCANCE DE LA MANO

El estudio del equipo del Instituto Carnegie abunda en la idea de que muchas de las claves sobre la aparición de la vida en nuestro universo se pueden encontrar en la Tierra. Desde hace varios años, un equipo de la Universidad Carnegie Mellon estudia en el desierto de Atacama cómo sobrevive la vida en la región más árida de nuestro planeta. Del mismo modo que el descubrimiento de Busemann y su equipo obtendrán mejores resultados para la investigación sin salir de casa, los científicos pueden estudiar en Atacama formas de vida marcianas sin necesidad de enviar sondas al planeta rojo. Nuestro planeta aún puede enseñarnos mucho sobre lo que sucede en el Universo.

Autor: Daniel Mediavilla
FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A.

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